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La inmortalidad

La inmortalidad de la imaginación en la obra de César Oropeza.

Una de las anécdotas que, de tiempo en tiempo, recupero para encontrar a César Oropeza en el rito de la luz, es aquella historia de cuando niño su abuelo “letrista”, o si se prefiere calígrafo, lo ponía a soltar la mano con un carboncillo y una hoja de papel haciendo que el niño pintor se privara de muchas horas de juego, pero invitándolo a encontrar en el solitario ejercicio del dibujo los súbitos silencios tensos; donde aparecían asombros reflejantes y exaltados descubrimientos en una imaginación temprana.

Tiempo después, y amparado en una juventud portentosa, Oropeza hace perdurable el mundo de sus primeros trazos, y también descubre el inicial asomo a una cosmovisión meditada que será la esencia de sus poéticas contemplaciones. Con una intensa luminosidad, el alto contraste y un sentido esférico-espacial, el movimiento dinámico que está dentro de la geometría de sus cuadros realza la sensualidad de sus personajes femeninos, renuncia a las escenas y los interiores, reduce a sus modelos a lo esencial y con fondos etéreos consigue una impresión audaz en la resolución de las atmósferas.

En el conjunto de la extensa obra de Oropeza, prevalece la mitología del cuerpo con labios, sonrisas, miradas y gestos que nunca envejecerán, la mayoría son figuras femeninas con una temática alejada de la desmesurada tarea de la condenación y con una proximidad al intrínseco rasgo de la herejía de su  sistema de interpretación de la realidad. Con un sentido adivinatorio en el juego de las líneas Aurales y la composición, Oropeza nos invita asistir a la actualidad triunfante de sus obras, impronta de una mirada romántica al más puro estilo de aquel movimiento de ruptura de finales del siglo XVIII, pero sincrónico con la vida contemporánea, y nos recuerda que no olvidemos nuestra enigmática amistad con la poesía; congregándonos alrededor de la esencia erótica de algunos de sus personajes carnales e impúdicos y entregados al destino de sus pasiones, y en otros personajes acentúa la huella casi imperceptible de una inocencia contradictoria enfatizando el refinamiento de su trabajo. Cuando nuestro artista acerca sus personajes a los dominios de la transfiguración, es porque la fuerza sensorial de la carnalidad lo ha llevado a la misteriosa transmutación de una danza de imágenes excitantes capaces de realizar la paradoja de narrar lo inenarrable. Nuestro pintor afirma, que las metáforas vivas están en el cuerpo, insisto, figuras femeninas, porque para Oropeza la imagen suprema de la belleza es inagotable en la forma de la mujer: la idealización de lo carnal. Así podemos observar en una de sus obras, la pureza de unos pezones entendiéndose con una mirada suspirante en el universo onírico que les ha colocado con riguroso y perfeccionista oficio.   

La obra de Oropeza es un diálogo con sus circunstancias y tribulaciones, un diálogo-camino a través del cual regresa a su casa natal con todo lo que vio, dibujando todo lo que pasó por su observación y su conciencia con los tonos de sus asombros, una gama de símbolos desafiantes y el claroscuro que demuestra la verdad de sus razones.

Oropeza no deja de insistir en una obra inalterable, un trabajo de revelaciones que percibe en el momento en que el registro expresivo de la gestualidad de un rostro abstraído o de una sombra fulgurante es la expresión material de las pasiones humanas; por eso su primera experiencia esta asociada al valor de la disciplina y la  observación de geometrías ordinarias que las convierte en apariciones sublimadas, y con el talento subversivo de una paleta cautivante por las combinaciones de colores exultantes y una escala de grises, mantiene vital el recorrido de los poderes superiores de su mirada.

La pasión por las artes plásticas que eligió César Oropeza como estilo de vida, lo han llevado por derroteros en los que transita con postulados estéticos abiertos a las necesidades que se le presentan, y  así como lo pueden conducir a la experiencia del caballete, también le dictan la más absoluta irreverencia por el canon. Bien puede estar planeando reavivar el arte mural en la ciudad de México, como ya lo hizo en el año 2014 con el título: Proyecto Mural Concreto, y para lo cual convocó a varios artistas plásticos con el fin de rescatar espacios públicos en los bajo puentes, como también lo podemos encontrar afinando la puntería en una acción contestataria como el Art For Destrucción, un pronunciamiento artístico y un señalamiento, de lo que Oropeza considera la ineficacia e indiferencia de las instituciones culturales mexicanas por la falta de apoyo a la difusión de la obra de muchos emergentes artistas plásticos como también, de experimentados artistas.

En el 20 aniversario del festival Wave Gotik Treffen en Leipzig, Alemania, el más importante en su género a nivel mundial, que se celebró en junio de 2011 y al cual fue invitado Oropeza para exponer la pieza Mural de la Escena Obscura Mexicana, un óleo sobre madera de 11 metros de largo por 244 cm, al concluir la exhibición en Leipzig, Oropeza decide destruir el mural para denunciar el desinterés de las instituciones culturales mexicanas, que a pesar de todas las gestiones que llevó a cabo solicitando apoyo para la transportación de doscientos sesenta kilos de arte mural, no obtuvo ninguna respuesta y finalmente tuvo que financiar el viaje con sus recursos. Con la quema del Mural en festival de Wave Gotik Treffen, el mensaje es claro: no regresaré con una obra que no tiene el interés ni el resguardo de las instituciones culturales de mi país.

La persistente búsqueda artística de César Oropeza, le ha permitido incursionar en los últimos años en un nuevo campo de la actividad creativa: la apropiación de objetos cotidianos y de producción industrial en serie; piezas domésticas, carros, motos, etc. Objetos que interviene para publicar un discurso artístico capaz de convertir cosas comunes en piezas únicas de arte con técnicas de esmalte de alta temperatura, aerografía y grabado; arranca la indiferente neutralidad de la inmediatez del valor de uso y lo transforma en arte público.

Esta expresión de arte visual-público de una urbanidad que ha sufrido la acción deformante y perjudicial de la contaminación visual, Oropeza lo interpreta como una oportunidad inmejorable para lanzar su propuesta actuante y de eficacia estética a un público imposible de acercar a los espacios tradicionales  del arte es decir, es una práctica relacional que resitúa el arte en la cotidianidad para abrir espacios de emancipación y reflexión.

César Oropeza es heredero y continuador  de la tradición de los Art Cars, que inició Alexander Calder hace cuarenta años con el emblemático  BMW 3.0 CSL,  el mismo que se presentó en la grilla de partida de las 24 horas del circuito de LeMans, marcando el inicio de la Art Car Collection de la marca fundada en 1916 en Munich. Dicha colección ha estado expuesta en museos como el Louvre de París y el Museo Guggenheim de Nueva York, donde han sido exhibidas obras maestras rodantes creadas por artistas destacados de la talla de: Alexander Calder, David Hockney, Jenny Holzer, Matazo Kayama, Jeff Koons, Roy Lichtenstein, Robert Rauschenberg , Frank Stella, Andy Warhol.

La obra de Oropeza también ha comenzado a viajar en los BMW que ruedan en la ciudad de México, revolucionando el diseño bastante repetitivo y ornamental al que nos tiene acostumbrados el término “Tunear”. Oropeza contraviene los moldes establecidos haciendo una revisión crítica de la iconografía sagrada de las culturas ancestrales del México pre-colombino para sincretizarlas con la experiencia rotunda de las alegorías urbanas. Sus diseños provocan una deslumbrante información visual en el espectador, y cada chasis que pinta lo sube al pedestal del arte. El inusual soporte de metal recubierto de laca, espacio sinuoso de la arquitectura de los carros, es aprovechado por nuestro artista con indudable pericia utilizando navajas que funcionan como tiza o brocha sobre la carrocería, Oropeza dibuja los bocetos sobre la carrocería con un diseño que evidencia la madurez de su lenguaje plástico, deliberadamente ecléctico, que ha ido ganando a pulso y en el transcurso de varios años de trabajo experimental.

Una de sus últimas presentaciones, fue en abril del 2015, donde expuso en la Galería Lourdes Botello de la colonia Roma una obra que tituló: Miradores, objetos en forma de ojos con iris y pupilas estilizadas, y otros con apariencia de ojos de reptiles; cráneos humanos y de animales con esmalte de alta temperatura, acrílicos y dibujos integraron una importante muestra de su variada exploración en el reino de lo real-fantástico, una configuración que ofrece al público el traspaso de la fuerza de los dilemas de nuestro mundo al campo de lo visual.

En vísperas de participar en la edición 2015 de ARTIfariti en la República Sarahui, un encuentro para la participación social del arte,  César Oropeza, también director de la Revista Superficie y de Art Vortice, se prepara para llevar a cabo en este encuentro internacional de artistas visuales la primera "Instalación Performatica de la Ceremonia del Alto Fuego Nuevo".     

Y como lo declara Oropeza: Por lo regular no existe la percepción real de nuestro entorno. Perdemos poco a poco la capacidad de atención y cuando nos concentramos en algo es bastante efímero… Esperamos con autentica osadía que la amplia utilización de recursos técnicos, formales y expresivos con los que cuenta nuestro pintor para la expresión, transforme esta sociedad caracterizada por el prolongado sometimiento al utilitarismo globalizado en un lugar para la experiencia constante de la admiración por la pintura, y nos devuelva del exilio mecanicista a la experiencia estética de contemplar la obra de arte.

Humberto Acevedo Cortez

México, D. F., 6 de septiembre de 2015.

De nacionalidad salvadoreña, reside en México  desde 1981, y se siente mexicano por vocación. Practicante budista y meditador esmerado, es también por propensión aprendiz de poeta y desea escribir poemas con la misma sencillez del medio día, estar de pie o desconsolado; es lector empedernido y admirador de las esperanzas de los demás. Ocupa el cargo de director de La Orquídea Errante Editores, donde publica sus felices lecturas, y es Director/Editor de la revista digital: Cofibuk. Actualmente escribe un libro de poemas titulado: en el silencio hago otras cosas. 

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